EL DESEO COMO MOTOR DEL DESPERTAR (Pedro Alonso Da Silva)


EL DESEO COMO MOTOR DEL DESPERTAR

 

El deseo nos impulsa a dirigir nuestra mirada hacia una experiencia que esconde una pregunta para la que aún no tenemos respuesta. Hunde sus raíces en la inconsciencia para llevarnos más allá de ella. Nos puede colocar en una actitud de búsqueda, de expectativa ilusionante o de excitación incontrolada. Pero también tiende a despertar nuestros peores miedos. Aquellos que surgen ante la amenaza de que la imagen de dignidad que pretendemos mostrar al mundo se quiebre y deje asomar algo prohibido.

Cuando el miedo asoma, negamos el deseo, y al negarlo cobra fuerza. Sigue pulsando en lo más profundo de nuestra mente, esperando la tormenta perfecta para poder ser satisfecho, para entregarse a experimentar lo incomprendido, lo misterioso, lo que queda fuera de los límites de un sistema de pensamiento lleno de normas aprendidas.

Y así, muchos viven evadiendo las tormentas para no despertar al Míster Hide que llevan dentro, impidiéndose a sí mismos conocerse. Viviendo una vida escindida donde se confunde virtud con buenismo. Donde el interés por la espiritualidad es más una huída de la sombra que una verdadera atracción por la luz. ¿Quién querría ir a la luz cuando siente que hay algo en la oscuridad que le intriga profundamente y le hace sentir que se está perdiendo algo valioso?

Pero sucumbir a los deseos nos puede llevar a la otra trampa del mismo juego: creer que es la satisfacción de nuestros deseos lo que colmará nuestro vacío existencial.

Todo deseo cumple su función. No es un error. Obedece a una perfecta ley de causa y efecto. La mente no puede evitar sentirse atraída por aquello que no comprende aún. El deseo mueve el punto focal de la conciencia para fijarlo en los aspectos oscuros de nuestra experiencia. Oscuros por desconocidos o inconscientes, no por malvados.

Y cuando en lugar de pretender ser dignos para el mundo, le damos dignidad a nuestro deseo, mirando en la dirección que nos indica, sin juzgar el impulso y al mismo tiempo sin dejarnos arrastrar por él, es entonces cuando puede surgir la claridad y la comprensión que solo a través de la experiencia pueden ser integradas.

Llegar a ese punto suele requerir, en un proceso de prueba y error, perderse muchas veces en cualquiera de los dos extremos del espectro. Pero ¿qué importa? ¿No hemos venido a esto? ¿A experimentar la limitación, la separación, la pequeñez, para acabar recordando lo que de verdad somos?

El juego durará lo que duren los deseos. Los deseos durarán lo que dure la inconsciencia. Y la inconsciencia durará lo que dure nuestro miedo a mirar lo que deseamos.

¿Empezamos?

Pedro Alonso Da Silva


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.